viernes, 22 de julio de 2011

La espada de Damocles, una leyenda para reflexionar



Érase una vez un rey llamado Dionisio I el Viejo, soberano de Siracusa. En ese tiempo, la ciudad era griega y la más importante de la gran isla de Sicilia.

El rey vivía en un suntuoso palacio en donde las riquezas abundaban, en especial por las obras de arte, el lujo, la exquisita y fina cocina, las lindas mujeres y el refinamiento de los cortesanos.

Contaba, además, con criados y esclavos solícitos a sus mínimos requerimientos. Había mucha gente que lo envidiaba por el poder que ostentaba y por su incalculable fortuna.

Uno de ellos era Damocles, un cortesano que se dedicaba a la intriga, al ocio, y en especial a envidiar a su rey, uno de sus mejores amigos.
-¡Qué afortunado eres; cuentas con todo lo que un ser humano puede aspirar! Dudo que exista alguien más feliz que tú-, solía repetirle.
Dionisio, quien adolecía de muchos defectos, sí odiaba la envidia y estaba aburrido de oír día tras día las aparentes adulaciones, que eran una expresión velada de resquemor (resentimiento).
-¿En verdad, Damocles, crees que soy más feliz que los demás?
Damocles, que pensaba que la felicidad consistía en el tener y en el poder, le respondió:
-Sí, en verdad creo que eres no sólo el más feliz de nosotros, sino el más feliz del mundo.
Si te gusta tanto esto, ¿por qué no cambiamos de lugar por un día?
-Sólo en sueños lo había pensado, mi rey. Sí, me encantaría disfrutar de tus placeres y riquezas aunque sea sólo por un día y al igual que tú, no tener ninguna preocupación .
-Está bien. Cambiemos; tú serás el rey y yo, el cortesano; pero sólo por un día.
Así lo convinieron para el día siguiente. La corte y los criados quedaron de tratar a Damocles como si fuera el rey. Le colocaron la corona de oro y diamantes y le pusieron el manto real.
Damocles se hizo servir en la sala de banquetes, los mejores vinos y la más deliciosa comida. Al escuchar la música, dedicada a él, al sentirse halagado y admirado, no pudo menos que pensar que era el hombre más feliz del mundo.
-Esto si que es vida-, le dijo al rey, quien estaba sentado al otro extremo de la mesa. Estoy disfrutando como nunca.
Al beber el mejor de los vinos en una copa de oro, miró hacia lo alto. ¿Qué era lo que pendía de arriba, un objeto cuya punta casi le tocaba la cabeza? Sobre su cabeza pendía una afilada espada, atada al techo por un delgado hilo. El brillo de esta casi le impedía ver.
Las manos le temblaban de tal manera, que derramó parte del contenido de su copa. Como pudo, hizo acallar la música y sólo con la mirada desdeñaba los ricos manjares que iban sirviéndole.
No se atrevía a huir, aunque era su único anhelo. Tenía pánico de mover hasta las cejas. El hilo era demasiado delgado; bastaba un pequeño vaivén para que se cortara y se "enterrará" en su cabeza.
-Amigo, ¿qué te pasa?- preguntó Dionisio. -Da la impresión que nada te interesa. Hiciste callar la música, derramaste la copa de vino y hasta has perdido el apetito.
¿Acaso no ves la espada pendiendo de un hilo sobre mí? -, preguntó Damocles.
-Sí, claro que la veo. Siempre pende sobre mi cabeza. La veo a cada instante. Siempre está el peligro de que caiga, no sólo por su propio peso, sino que el hilo sea cortado por alguien. Puede ser un asesor envidioso de mi poder que quiera asesinarme. También puede ser alguien que quiera derrocarme propagando mentiras en mi contra. Puede suceder que un reino vecino venga a atacarnos, me asesine para quitarme el trono y así extender su poderío. Asimismo, puedo equivocarme en alguna de mis decisiones y esto provoque mi caída.
-Mira Damocles-, continuó el rey, -si quieres ser monarca, tienes que estar dispuesto a aceptar estos riesgos que son parte del poder.
Damocles, muy asustado, apenas se atrevía a responder. Veía la espada y se atragantaba de miedo.
-Rey mío, ahora veo que estaba equivocado. Además de la riqueza, el poder y la fama, tienes mucho que hacer, mucho en que pensar. Por favor, ocupa tu lugar y déjame volver a casa. Ese es mi anhelo supremo.
Damocles, al salir del palacio, con el paso cada vez más firme, corriendo y hasta casi volando, lo único que deseaba era abrazar a su esposa. Lo mismo pensaba hacer con su hijo.
Ahora sí les iba a inculcar con su propio testimonio de vida, que los valores no se sostienen en el poder ni en el tener poder.



Juan Carlos Pellón Yahuana
CAMP (Centro de Animación de Misión Perú)
Colegio Champagnat de Surco

Fuente:
http://www.gooachi.com/blog.php?fich=La_espada_de_Damocles



Esta historia es una leyenda griega considerada en los textos históricos del autor Timeo de Tauromenio (356-260 a.C.)

Considero muy interesante la reflexión con la que nos podemos quedar tras leerla. Espero que  les haya agradado mucho.

miércoles, 20 de julio de 2011

"EL CUERPO GRITA ... LO QUE LA BOCA CALLA", una reflexión de Nelson Torres


Interesante reflexión de Nelson Torres, Doctor en Psiquiatría (UCV) y experto en Psico-neuro-inmunolingüística PNIL en Venezuela: "La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma". Bach.  
Muchas veces...   El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
 El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de "vivir".
 Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo? 
La Enfermedad no es mala, te avisa que te estás equivocando de camino.  
Me parece bonito compartir este mensaje:   El camino a la felicidad no es recto.   Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semáforos llamados AMIGOS, luces de precaución llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes: Una llanta de repuesto llamada DECISIÓN, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, abundante combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo un experto conductor llamado DIOS.

Juan Carlos Pellón Yahuana
CAMP (Centro de Animación de Misión Perú)
Colegio Champagnat de Surco

sábado, 16 de julio de 2011

Decimosexta Feria Internacional del Libro

Buen día, estimados colegas:


Mediante la presente, les informo del desarrollo de la decimosexta Feria Internacional del Libro desde el 20 de julio hasta el 2 de agosto.

Esta tiene como sede el parque de los Próceres en Jesús María (frente al hospital Rebagliati o cuadra 17 de la avenida Salaverry).

El autor peruano quien será homenajeado en esta edición es Oswaldo Reynoso. El país invitado es Venezuela.

Habrá más de 450 actividades culturales, talleres y, sobre todo, 280 puestos o módulos con más de 150 mil títulos de textos originales de diversos temas.

Personalmente, tendré el gusto de participar como autor del texto Manual de ortografiía para la redacción de textos en el módulo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Por otro lado, de entre todas las actividades quiero destacar el siguiente evento que extraigo de la web de la Feria http://www.filperu.com/:

"2º Seminario Internacional para profesores “Capacitación e innovaciones estratégicas para el fomento de lectura”, que se llevará a cabo del 25 al 29 de julio, girará en torno a las innovaciones estratégicas para facilitar a los docentes la realización de materiales novedosos e incluir estas herramientas dentro de los cursos de ciencias sociales y del plan lector. Será dictado por profesionales de Perú, Colombia y España. El Ministerio de Educación del Perú, auspiciador del Seminario para Profesores, certificará a los asistentes con 25 horas pedagógicas y 11 horas tecnológicas útiles. El certificado será brindado a quienes asistan obligatoriamente los tres primeros días del seminario (25, 26 y 27) y uno de los dos días posteriores (28 o 29). La actividad cuenta con el auspicio del Grupo Editorial Norma, Ediciones SM, Editorial Bruño y el Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa. "

El precio de las entradas de ingreso es de 3 nuevos soles (todos los días de la feria). Niños y niñas menores de 12 años y adultos mayores de 65 no pagan entrada. Los visitantes que depositen sus tiques de ingreso en un módulo especial participarán del sorteo de 10 mil nuevos soles en libros donados por la Cámara Peruana del Libro.

Quedan todos invitados.

viernes, 15 de julio de 2011

Video sobre la masacre en Accomarca, Ayacucho

Les presento un video que expone la situación social de Accomarca (Ayacucho, Perú) tras la asesina intervención de irracionales militares quienes mataron arbitrariamente a 30 niños y en total a 69 peruanos.
Expreso mi agradecimiento al autor de la investigación.



Fuente: http://enlanalga.blogspot.com/2010/12/testimonios-sobre-la-masacre-de-1985-en.html

martes, 21 de junio de 2011

Los gallinazos sin plumas, un cuento de Julio Ramón Ribeyro Zúñiga



Julio Ramón Ribeyro Zúñiga (1929-1994)







Los gallinazos sin plumas se constituye como un relato muy importante de nuestra narrativa peruana de la década de 1950. El texto nos describe la situación de pobreza de dos niños que sufren la explotación de un abuelo. En este contexto, la métafora del título queda explícita y es entendida por ese lector que reconoce el sufrimiento por la miseria extrema descrita en el texto. 
Ribeyro no hace más que consagrarse con este relato como un autor que conoce el sufrimiento humano y nos comparte su frustración de no poder cambiar esta situación; sin embargo, la literatura se conformó como su mejor forma de expresar su incertidumbre sobre el futuro.


Los invito a conocer una historia que aún se repite en la vida real de cualquier país.

Los gallinazos sin plumas


 A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada. Las personas que recorren la ciudad a esta hora parece que están hechas de otra sustancia, que pertenecen a un orden de vida fantasmal. Las beatas[1] se arrastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los noctámbulos[2], macerados[3] por la noche, regresan a sus casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los basureros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, policías bostezando contra los árboles, canillitas[4] morados de frío, sirvientas sacando los cubos de basura. A esta hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecen los gallinazos sin plumas.

A esta hora el viejo don Santos se pone la pierna de palo y sentándose en el colchón comienza a berrear[5]:
– ¡A levantarse! ¡Efraín, Enrique! ¡Ya es hora!
Los dos muchachos corren a la acequia[6] del corralón[7] frotándose los ojos legañosos[8]. Con la tranquilidad de la noche el agua se ha remansado[9] y en su fondo transparente se ven crecer yerbas y deslizarse ágiles infusorios[10]. Luego de enjuagarse la cara, coge cada cual su lata y se lanzan a la calle. Don Santos, mientras tanto, se aproxima al chiquero[11] y con su larga vara[12] golpea el lomo de su cerdo que se revuelca entre los desperdicios.
¡Todavía te falta un poco, marrano! Pero aguarda no más, que ya llegará tu turno.
Efraín y Enrique se demoran en el camino, trepándose a los árboles para arrancar moras o recogiendo piedras, de aquellas filudas[13] que cortan el aire y hieren por la espalda. Siendo aún la hora celeste llegan a su dominio, una larga calle ornada de casas elegantes que desemboca en el malecón.
Ellos no son los únicos. En otros corralones, en otros suburbios alguien ha dado la voz de alarma y muchos se han levantado. Unos portan latas, otros cajas de cartón, a veces sólo basta un periódico viejo. Sin conocerse forman una especie de organización clandestina que tiene repartida toda la ciudad. Los hay que merodean[14] por los edificios públicos, otros han elegido los parques o los muladares[15]. Hasta los perros han adquirido sus hábitos, sus itinerarios, sabiamente aleccionados por la miseria.
Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera[16] de la calle. Los cubos de basura están alineados delante de las puertas. Hay que vaciarlos íntegramente y luego comenzar la exploración. Un cubo de basura es siempre una caja de sorpresas. Se encuentran latas de sardinas, zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes[17] muertos, algodones inmundos. A ellos sólo les interesa los restos de comida. En el fondo del chiquero, Pascual recibe cualquier cosa y tiene predilección por las verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata de cada uno se va llenando de tomates podridos, pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuran en ningún manual de cocina. No es raro, sin embargo, hacer un hallazgo[18] valioso. Un día Efraín encontró unos tirantes con los que fabricó una honda[19]. Otra vez una pera casi buena que devoró en el acto. Enrique, en cambio, tiene suerte para las cajitas de remedios, los pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y otras cosas semejantes que colecciona con avidez.
Después de una rigurosa selección regresan la basura al cubo y se lanzan sobre el próximo. No conviene demorarse mucho porque el enemigo siempre está al acecho[20]. A veces son sorprendidos por las sirvientas y tienen que huir dejando regado[21] su botín[22]. Pero, con más frecuencia, es el carro de la Baja Policía el que aparece y entonces la jornada está perdida.
Cuando el sol asoma sobre las lomas, la hora celeste llega a su fin. La niebla se ha disuelto, las beatas están sumidas en éxtasis, los noctámbulos duermen, los canillitas han repartido los diarios, los obreros trepan a los andamios. La luz desvanece el mundo mágico del alba. Los gallinazos sin plumas han regresado a su nido.
Don Santos los esperaba con el café preparado.
–A ver, ¿qué cosa me han traído?
Husmeaba[23] entre las latas y si la provisión estaba buena hacía siempre el mismo comentario:
– Pascual tendrá banquete hoy día.
Pero la mayoría de las veces estallaba:
– ¡Idiotas! ¿Qué han hecho hoy día? ¡Se han puesto a jugar seguramente! ¡Pascual se morirá de hambre!
Ellos huían hacia el emparrado[24], con las orejas ardientes de los pescozones[25], mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero. Desde el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don Santos le aventaba la comida.
– ¡Mi pobre Pascual! Hoy día te quedarás con hambre por culpa de estos zamarros[26]. Ellos no te engríen como yo. ¡Habrá que zurrarlos[27] para que aprendan!
Al comenzar el invierno el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo insaciable. Todo le parecía poco y don Santos se vengaba en sus nietos del hambre del animal. Los obligaba a levantarse más temprano, a invadir los terrenos ajenos en busca de más desperdicios[28]. Por último los forzó a que se dirigieran hasta el muladar que estaba al borde del mar.
– Allí encontrarán más cosas. Será más fácil además porque todo está junto.
Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco[29]. Los carros dela Baja Policía, siguiendo una huella de tierra, descargaban la basura sobre una pendiente de piedras. Visto desde el malecón[30], el muladar formaba una especie de acantilado[31] oscuro y humeante, donde los gallinazos[32] y los perros se desplazaban como hormigas.  Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos. El perro se retiró aullando. Cuando estuvieron cerca sintieron un olor nauseabundo que penetró hasta sus pulmones. Los pies se les hundían en un alto de plumas, de excrementos, de materias descompuestas o quemadas. Enterrando las manos comenzaron la exploración. A veces, bajo un periódico amarillento, descubrían una carroña[33] devorada a medios. En los acantilados próximos los gallinazos espiaban impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra en piedra, como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba para intimidarlos y sus gritos resonaban en el desfiladero[34] y hacían desprenderse guijarros[35] qne rodaban hacía el mar. Después de una hora de trabajo regresaron al corralón conlos cubos llenos.
– ¡Bravo! – exclamó don Santos –. Habrá que repetir esto dos o tres veces por semana.
Desde entonces, los miércoles y los domingos, Efraín y Enrique hacían el trote hasta el muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles a descubrir ]a pista de la preciosa suciedad.
Fue al regresar de una de esas excursiones que Efraín sintió un dolor en la planta del pie. Un vidrio e había causado una pequeña herida. Al día siguiente tenía el pie hinchado, no obstante lo cual prosiguió su trabajo. Cuando regresaron no podía casi caminar, pero Don Santos no se percató de ello, pues tenía visita. Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de sangre, observaba el chiquero.
– Dentro de veinte o treinta días vendré por acá – decía el hombre –. Para esa fecha creo que podrá estar a punto.
Cuando partió, don Santos echaba fuego por los ojos.
– ¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡De ahora en adelante habrá que aumentar la ración de Pascual!
El negocio anda sobre rieles.
A la mañana siguiente, sin embargo, cuando don Santos despertó a sus nietos, Efraín no se pudo levantar.
– Tiene una herida en el pie – explicó Enrique –. Ayer se cortó con un vidrio.
Don Santos examinó el pie de su nieto. La infección había comenzado.
– ¡Esas son patrañas[36]! Que se lave el pie en la acequia y que se envuelva con un trapo.
– ¡Pero si le duele! – intervino Enrique –. No puede caminar bien.
Don Santos meditó un momento. Desde el chiquero llegaban los gruñidos[37] de Pascual.
– Y, ¿a mí? – preguntó dándose un palmazo en la pierna de palo –. ¿Acaso no me duele la pierna? Y yo tengo setenta años y yo trabajo... ¡Hay que dejarse de mañas[38]!
Efraín salió a la calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano. Media hora después regresaron con los cubos casi vacíos.
– ¡No podía más! – dijo Enrique al abuelo –. Efraín está medio cojo[39].
Don Santos observó a sus dos nietos como si meditara una sentencia.
– Bien, bien – dijo rascándose la barba rala y cogiendo a Efraín del pescuezo lo arreó[40] hacia el cuarto –. ¡Los enfermos a la cama! ¡A podrirse sobre el colchón! Y tú harás la tarea de tu hermano. ¡Vete ahora mismo al muladar!
Cerca de mediodía Enrique regresó con los cubos repletos. Lo seguía un extraño visitante: un perro escuálido y medio sarnoso[41].
– Lo encontré en el muladar – explicó Enrique – y me ha venido siguiendo.
Don Santos cogió la vara.
– ¡Una boca más en el corralón!
Enrique levantó al perro contra su pecho y huyó hacia la puerta.
– ¡No le hagas nada, abuelito! Le daré yo de mi comida.
Don Santos se acercó, hundiendo su pierna de palo en el lodo.
– ¡Nada de perros aquí! ¡Ya tengo bastante con ustedes!
Enrique abrió la puerta de la calle.
– Si se va él, me voy yo también.
El abuelo se detuvo. Enrique aprovechó para insistir:
– No come casi nada..., mira lo flaco que está. Además, desde que Efraín está enfermo, me ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buena nariz para la basura.
Don Santos reflexionó, mirando el cielo donde se condensaba la garúa. Sin decir nada, soltó la .vara, cogió los cubos y se fue rengueando hasta el chiquero.
Enrique sonrió de alegría y con su amigo aferrado al corazón corrió donde su hermano.
– ¡Pascual, Pascual... Pascualito! – cantaba el abuelo,
– Tú te llamarás Pedro – dijo Enrique acariciando la cabeza de su perro e ingresó donde Efraín.
Su alegría se esfumó: Efraín inundado[42] de sudor se revolcaba[43] de dolor sobre el colchón. Tenía el pie hinchado, como si fuera de jebe[44] y estuviera lleno de aire. Los dedos habían perdido casi su forma.
– Te he traído este regalo, mira – dijo mostrando al perro –. Se llama Pedro, es para ti, para que te acompañe... Cuando yo me vaya al muladar te lo dejaré y los dos jugarán todo el día. Le enseñarás a que te traiga piedras en la boca.
            ¿Y el abuelo? – preguntó Efraín extendiendo su mano hacia el animal.
– El abuelo no dice nada – suspiró Enrique.
Ambos miraron hacia la puerta. La garúa[45] había empezado a caer. La voz del abuelo llegaba:
– ¡Pascual, Pascual... Pascualito!
Esa misma noche salió luna llena. Ambos nietos se inquietaron, porque en esta época el abuelo se ponía intratable. Desde el atardecer lo vieron rondando por el corralón, hablando solo, dando de varillazos al emparrado. Por momentos se aproximaba al cuarto, echaba una mirada a su interior y al ver a sus nietos silenciosos, lanzaba un salivazo cargado de rencor. Pedro le tenía miedo y cada vez que lo veía se acurrucaba[46] y quedaba inmóvil como una piedra.
– ¡Mugre, nada más que mugre! – repitió toda la noche el abuelo, mirando la luna.
A la mañana siguiente Enrique amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió estornudar en la madrugada, no dijo nada. En el fondo, sin embargo, presentía una catástrofe. Si Enrique enfermaba, ¿quién se ocuparía de Pascual? La voracidad[47] del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían venido a quejar.
Al segundo día sucedió lo inevitable: Enrique no se pudo levantar. Había tosido toda la noche y la mañana lo sorprendió temblando, quemado por la fiebre.
– y Tú también? – preguntó el abuelo.
Enrique señaló su pecho, que roncaba. El abuelo salió furioso del cuarto. Cinco minutos después regresó.
– ¡Está muy mal engañarme de esta manera! – plañía[48] –. Abusan de mí porque no puedo caminar. Saben bien que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual!
Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a toser.
– ¡Pero no importa! Yo me encargaré de él. ¡Ustedes son basura, nada más que basura! ¡Unos pobres gallinazos sin plumas! Ya verán cómo les saco ventaja. El abuelo está fuerte todavía. ¡Pero eso sí, hoy día no habrá, comida para ustedes! ¡No habrá comida hasta que no puedan levantarse y trabajar!
A través del umbral lo vieron levantar las latas en vilo y volcarse[49] en la calle. Media hora después regresó aplastado. Sin la ligereza de sus nietos el carro de la Baja Policía lo había ganado. Los perros, además, habían querido morderlo.
¡Pedazos de mugre! ¡Ya saben, se quedarán sin comida hasta que no trabajen!
Al día siguiente trató de repetir la operación pero tuvo que renunciar. Su pierna de palo había perdido la costumbre de las pistas de asfalto, de las duras aceras y cada paso que daba era como un lanzazo en la ingle. A la hora celeste del tercer día quedó desplomado en su colchón, sin otro ánimo que para el insulto.
– ¿Si se muere de hambre – gritaba – será por culpa de ustedes!
Desde entonces empezaron unos días angustiosos, interminables. Los tres pasaban el día encerrados en el cuarto, sin hablar, sufriendo una especie de reclusión forzosa. Efraín se revolcaba sin tregua, Enrique tosía. Pedro se levantaba y después de hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una piedra en la boca, que depositaba en las manos de sus amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su pierna de palo y les lanzaba miradas feroces. A mediodía se arrastraba hasta la esquina del terreno donde crecían verduras y preparaba su almuerzo, que devoraba en secreto. A veces aventaba a la cama de sus nietos alguna lechuga o una zanahoria cruda, con el propósito de excitar su apetito creyendo así hacer más refinado su castigo.
Efraín ya no tenía fuerzas para quejarse. Solamente Enrique sentía crecer en su corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran perdido su expresión humana. Por las noches, cuando la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir. A esa hora el cerdo comenzaba a gruñir y el abuelo se quejaba como si lo estuvieran ahorcando. A veces se ceñía la pierna de palo y salía al corralón. A la luz de la luna Enrique lo veía ir diez veces del chiquero a la huerta, levantando los puños, atropellando lo que encontraba en su camino. Por último reingresaba en su cuarto y quedaba mirándolos fijamente, como si quisiera hacerlos responsables del hambre de Pascual.
La última noche de luna llena nadie pudo dormir. Pascual lanzaba verdaderos rugidos. Enrique había oído decir que los cerdos, cuando tenían hambre, se volvían locos como los hombres. El abuelo permaneció en vela, sin apagar siquiera el farol. Esta vez no salió al corralón ni maldijo entre dientes. Hundido en su colchón miraba fijamente la puerta. Parecía amasar[50] dentro de sí una cólera muy vieja, jugar con ella, aprestarse a dispararla. Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas, abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia sus nietos y lanzó un rugido:
¡Arriba, arriba, arriba! – los golpes comenzaron a llover –. ¡A levantarse haraganes[51]! ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¡Esto se acabó! ¡De pie!...
Efraín se echó a llorar, Enrique se levantó, aplastándose contra la pared. Los ojos del abuelo parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los golpes. Veía la vara alzarse y abatirse sobre su cabeza como si fuera una vara de cartón. Al fin pudo reaccionar.
– ¡A Efraín no! ¡El no tiene la culpa! ¡Déjame a mí solo, yo saldré, yo iré al muladar!
El abuelo se contuvo jadeante. Tardó mucho en recuperar el aliento.
– Ahora mismo... al muladar... lleva los dos cubos, cuatro cubos...
Enrique se apartó, cogió los cubos y se alejó a la carrera. La fatiga del hambre y de la convalecencia lo hacían trastabillar[52]. Cuando abrió la puerta del corralón, Pedro quiso seguirlo.
– Tú no. Quédate aquí cuidando a Efraín.
Y se lanzó a la calle respirando a pleno pulmón el aire de la mañana. En el camino comió yerbas, estuvo a punto de mascar la tierra.  Todo lo veía a través de una niebla mágica. La debilidad lo hacía ligero, etéreo: volaba casi como un pájaro. En el muladar se sintió un gallinazo más entre los gallinazos. Cuando los cubos estuvieron rebosantes[53] emprendió el regreso. Las beatas, los noctámbulos, los canillitas descalzos, todas las secreciones del alba comenzaban a dispersarse por la ciudad. Enrique, devuelto a su mundo, caminaba feliz entre ellos, en su mundo de perros y fantasmas, tocado por la hora celeste.
Al entrar al corralón sintió un aire opresor, resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí, en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro fabricado de barro, de rugidos, de absurdas penitencias. Lo sorprendente era, sin embargo, que esta vez reinaba en el corralón una calma cargada de malos presagios[54], como si toda la violencia estuviera en equilibrio, a punto de desplomarse[55]. El abuelo, parado al borde del chiquero, miraba hacia el fondo. Parecía un árbol creciendo desde su pierna de palo. Enrique hizo ruido pero el abuelo no se movió.
– ¡Aquí están los cubos!
Don Santos le volvió la espalda y quedó inmóvil. Enrique soltó los cubos y corrió intrigado hasta el cuarto. Efraín apenas lo vio, comenzó a gemir:
– Pedro... Pedro...
– ¿Qué pasa?
– Pedro ha mordido al abuelo... el abuelo cogió la vara... después lo sentí aullar.
Enrique salió del cuarto.
– ¡Pedro, ven aquí! ¿Dónde estás, Pedro?
Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil, con la mirada en la pared. Enrique tuvo un mal presentimiento[56]. De un salto se acercó al viejo.
– ¿Dónde está Pedro?
Su mirada descendió al chiquero. Pascual devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las piernas y el rabo del perro.
– ¡No! – gritó Enrique tapándose los ojos –. ¡No, no! – y a través de las lágrimas buscó la mirada del abuelo. Este la rehuyó, girando torpemente sobre su pierna de palo.  Enrique comenzó a danzar en torno suyo, prendiéndose de su camisa, gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de encontrar una respuesta.
– ¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué?
El abuelo no respondía. Por último, impaciente, dio un manotón a su nieto que lo hizo rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo que, erguido como un gigante, miraba obstinadamente el festín de Pascual. Estirando la mano encontró la vara que tenía el extremo manchado de sangre. Con ella se levantó de puntillas y se acercó al viejo.
– ¡Voltea! – gritó – ¡Voltea!
Cuando don Santos se volvió, divisó la vara que cortaba el aire y se estrellaba contra su pómulo.
– ¡Toma! – chilló Enrique y levantó nuevamente la mano. Pero súbitamente se detuvo, temeroso de lo que estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor, miró al abuelo casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda, resbaló[57], y dando un alarido se precipitó de espaldas al chiquero.
Enrique retrocedió unos pasos. Primero aguzó[58] el oído pero no se escuchaba ningún ruido. Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con la pata de palo quebrada, estaba de espaldas en el fango. Tenía la boca abierta y sus ojos buscaban a Pascual, que se había refugiado en un ángulo y husmeaba sospechosamente el lodo.  Enrique se fue retirando, con el mismo sigilo con que se había aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a divisarlo pues mientras corría hacia el cuarto le pareció que lo llamaba por su nombre, con un tono de ternura que él nunca había escuchado.
¡ A mí, Enrique, a mí!...
– ¡Pronto! – exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano –¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha caído al chiquero! ¿Debemos irnos de acá!
– ¿Adónde? – preguntó Efraín.
– ¿Adonde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!
– ¡No me puedo parar!
Enrique cogió a su hermano con ambas manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta formar una sola persona cruzaron lentamente el corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula[59].
Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla.
  
[1] Beato: Se aplica a la persona que ha sido beatificada o se aplica a la persona exagerada en las prácticas religiosas, o de religiosidad afectada.
[2] Noctámbulo: Se dice del que desarrolla durante la *noche la actividad que, ordinariamente, se desarrolla durante el día.
[3] Macerar: Ablandar una cosa golpeándola, estrujándola o teniéndola a remojo.
[4] Canilla: Cualquier hueso largo y delgado de la pierna o brazo.
[5] Berrear: Emitir su voz propia un becerro u otro animal que la tenga semejante; se dice también del elefante.
[6] Acequia: Zanja para conducir el agua.
[7] Corral: Cercado más grande donde se tiene ganado de cualquier clase.
[8] Legaña: Acumulación pastosa o seca de secreción de la mucosa y de las glándulas de los párpados en los bordes de éstos y, particularmente, en los ángulos que forman.
[9] Remansado: Formar un remanso.  Remanso: Lugar de una corriente, por ejemplo de la de un río, donde se hace más lenta o donde el agua queda quieta o casi quieta.
[10] Infusorio: Protozoario provisto de pestañas vibrátiles; abunda en las infusiones de hojas.
[11] Chiquero: Choza donde se guardan por la noche los cerdos.
[12] Vara: Rama delgada de un árbol o un arbusto, limpia de hojas.
[13] Filudo: De filo muy agudo.
[14] Merodear: Ir repetidamente a un sitio sin un objetivo definido, o vagar por un sitio, para observar, explorar, espiar o curiosear, o en busca de algo.
[15] Muladar: Lugar donde se amontona estiércol.  Fig.: sitio sucio o moralmente corrompido.
[16] Acera: Orilla pavimentada algo más alta que el piso de la calle, destinada al paso de peatones.
[17] Pericote: Rata grande del campo.
[18] Hallazgo: Cosa encontrada, particularmente, una cosa muy conveniente que se adquiere o encuentra.
[19] Honda: Utensilio formado por una tira, generalmente de cuero, o por una cuerda con un trozo de cuero fijo, se usa para lanzar piedras.
[20] Al acecho: Vigilando en espera de algo.
[21] Regado: Esparcido.
[22] Botín de Guerra: conquista, despojos, presa, trofeo.
[23] Husmear: Rastrear con el olfato.
[24] Emparrado: Armazón de barras, palos, etc., destinada a sostener una parra u otra planta trepadora o sarmentosa.
[25] Pescozón: Cachete dado en el pescuezo.
[26] Zamarro: Se aplica a persona callada y aparentemente sumisa e ignorante, pero con picardía o astucia y que hace lo que le conviene.
[27] Zurrar: Dar golpes repetidos a alguien para hacerle daño.
[28] Desperdicio: Parte no aprovechable de una cosa o lo que queda de una cosa después de utilizar una parte de ella: ‘Desperdicios de comida [de papel]’.
[29] Barranco: «Abismo. Derrumbadero. Precipicio. Sima. Tajo». Corte profundo en el terreno o pendiente abrupta.
[30] Malecón: Muralla o terraplén que se hace para que sirva de defensa contra las aguas.
[31] Acantilado: Corte vertical en el terreno, particularmente en la costa.
[32] Gallinazo: Ave rapaz diurna del tamaño de una gallina, que se alimenta de carne muerta y despide olor repugnante.
[33] Carroña: Carne podrida, particularmente la de un animal muerto y abandonado en el campo.
[34] Desfiladero: Paso estrecho entre montañas.
[35] Guijarro: Piedra pequeña redondeada por la erosión.
[36] Patraña: Enredo o embuste; cosa falsa que se cuenta como verdadera; particularmente, cuando la falsedad es muy grande y hay mucha complicación de sucesos.
[37] Gruñido: Sonido emitido por el cerdo u otros animales que tienen *voz semejante.
[38] Mañas: Acciones realizadas con astucia y engaño para conseguir algo.
[39] Cojo: Se aplica a una persona o animal al que le falta un pie o pierna o los tiene defectuosos, por lo que anda imperfectamente..
[40] Arrear: Estimular a las caballerías.
[41] Sarnoso: Se aplica al animal con una enfermedad de la piel.
[42] Inundar: Cubrir un lugar de agua.
[43] Revolcarse: Echarse en el suelo o en un sitio sucio y dar vueltas en o sobre él.
[44] Jebe: Caucho.
[45] Garúa: Llovizna.
[46] Acurrucarse: Ponerse doblado y encogido, ocupando el menos espacio posible, para esconderse, para librarse del frío, etc.
[47] Voracidad: Se aplica a personas y animales y, correspondientemente, al hambre o la manera de comer. Se dice del que come mucho y con avidez.
[48] Plañir: Llorar y quejarse en voz alta.
[49] Volcarse: Poner una persona el máximo interés y esfuerzo para conseguir cierta cosa.
[50] Amasar: Mover y apretar una masa hasta que toma la consistencia y homogeneidad convenientes, la masa del pan.
[51] Haragán: Se aplica al que rehuye el trabajo.
[52] Trastabillar: Vacilar o tambalearse.
[53] Rebosante: Derivados de significado deducible del de «rebosar»: ‘Un jarro rebosante de cerveza. Un padre rebosante de orgullo. La espuma rebosante de la copa’.
[54] Presagio: Señal que anuncia suerte o desgracia. Se le aplican los adjetivos «bueno, malo, favorable, desfavorable, propicio, adverso» y semejantes, referidos a la cosa anunciada.
[55] Desplomarse: Caer pesadamente una cosa cualquiera por cualquier causa.[56] Presentimiento: Sensación íntima e indefinible de que va a ocurrir algo bueno o malo.
[57] Resbalar: Caer una cosa lentamente por un sitio.  Particularmente, «las lágrimas por las mejillas».
[58] Aguzar: «Avivar». Aplicado a «entendimiento, inteligencia, atención, oído, vista», etc., aplicarlos con intensidad para percibir con ellos lo más posible.
[59] Mandíbula: Cada una de las dos piezas córneas que forman el pico de las aves.
Imagen desde amautaspanish.com

martes, 7 de junio de 2011

Ollanta Humala es el nuevo presidente de Perú. Diario Perú 21 lo predijo al revés.

El diario Perú 21 se parcializó con la candidata de la derecha y manipuló a los peruanos mediante la difusión de cifras de popularidad que no se comprobaron en la elección del domingo cinco de junio.
Recordemos la portada  del 23 de mayo:
 La portada del 26 de mayo es paradójica, pues los resultados son muy próximos a lo contrario que ocurrió. 
 Esa paradoja se comprueba en la siguiente portada del diario El Comercio al día siguiente de la elección (06/6/2011).


Sin embargo, el mismo 6 de junio, un afectado Perú 21 difunde un titular de incertidumbre mediante el verbo "iría". Además el titular periodístico no informa objetivamente, pues el " ir a Palacio" es común a cualquier persona que lo desee vistar y no precisa ni informa en portada la diferencia porcentual con respecto a la otra candidata.
Nada parcializados.


Perú 21 contra el candidato presidencial Ollanta Humala

Portada del 25/05/2011

Portada del 1/06/2011. A cuatro días de las elecciones.

 Portada del 2/06/ 2011. A tres días.
 Portada del 3/06/ 2011. A dos días

Portada del 4/06/ 2011. Un día antes de las elecciones



Perú 21, El Comercio, América TV y Canal N son parte de un mismo consorcio que ha utilizado la prensa para defender sus intereses económicos mediante la difusión de información parcializada. Los peruanos merecemos una prensa con un punto de vista objetivo.

El diario Perú 21 difundió su total oposición hacia la candidatura de Ollanta Humala. Quizá el mayor temor de la prensa, que defiende los intereses de la clase alta del país, sea el de perder  el manejo informativo con libertad. Sin embargo, la actitud con la que se ha difundido esta campaña de oposición periodística solo muestra que sí hace falta pautar la libertad de prensa, pues lo que existe es un una manipulación de la información para el beneficio de la clase alta y el costo es un pueblo informado inadecuadamente o expuesto a intereses particulares.



Portada del 5/06/ 2011. El mismo día de la elección


Salto al vacío
La última portada es la más descarada - y no lo digo por la imagen poco pertinente para un día de elección presidencial de la señorita en biquini. El expresidente Toledo pregonaba en la primera vuelta que votar por Humala sería un "salto al vacío"; lo dijo en cada entrevista que tuvo.
A la portada del mismo día de las elecciones solo le faltó decir como PPK: "No vote por Ollanta Humala".

¿Esta es la libertad de prensa que cumple su función de informar objetivamente a los peruanos?

lunes, 6 de junio de 2011

Pobreza y desigualdad: Tareas inaplazables

Hace unos días Macroconsult elaboró un interesante balance socio-económico de los resultados electorales de la primera vuelta. Como parte de dicho informe se obtuvo el cálculo de la distribución de ingresos a nivel familiar para el país en 2004 y 2009. Uno de los resultados relevantes es que en 2009 solo 14 de cada 100 hogares tienen ingresos mayores a S/. 3,000 mensuales. Dos son las ideas-fuerza (a manera de hipótesis) que pueden desprenderse de este reporte. En primer lugar que si bien la pobreza monetaria se ha reducido, la mayoría de la población se encuentra justo por encima de la línea de pobreza. Es decir que la población que ha dejado de ser pobre, ha dejado de serlo “con las justas”. Por lo tanto, el objetivo de paliar la pobreza se ha obtenido, mas no el de llevar adelante una transición desde programas asistencialistas y la “inercia” del crecimiento hacia programas productivos y la provisión efectiva por parte del Estado de bienes y servicios públicos de calidad (Salud, Educación, Infraestructura, etc.) que no solo morigeren, sino que erradiquen la pobreza en el país. Una cosa es atenuar y otra es erradicar, no confundamos lo verbos. Veamos ahora lo concerniente a la variable desigualdad. De acuerdo a los resultados¹, en 2004 el ingreso del grupo más pudiente era 24 veces el ingreso del grupo con menores ingresos, ¿cuál fue el resultado en 2009? 24 veces. Ni más, ni menos. En conformidad a esta métrica la desigualdad de ingresos en el país no se redujo en 5 años. Si complementamos este resultado con el obtenido por el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE) que corrige el problema del reporte de la información con el uso de las cuentas nacionales, entonces quedan en tela de juicio los “exitosos” resultados en torno a la reducción de la desigualdad del vigente modelo económico. No nos dejemos sorprender.

 Entonces, ¿cómo erradicar la pobreza y reducir asimetrías en el país? Al respecto el profesor Ravallion en un estudio pone en discusión el asunto de la distribución económica –centrando el análisis en el tema tributario- como instrumento para eliminar la pobreza en los países subdesarrollados. Ravallion enfatiza que el carácter progresivo en la tributación (donde pagan más impuestos los que más tienen) no es el dominante en los países subdesarrollados, sino que son los impuestos indirectos y sus impactos distributivos negativos. Por ejemplo, para el caso peruano en 2010 del total de ingresos tributarios del Gobierno Central el 64% correspondieron a impuestos indirectos (consumo, importación, etc.) y solo el 36% a directos. Asimismo, en el estudio, Ravallion desarrolla el cálculo del impuesto² que se necesitaría aplicar sobre la población rica para cubrir la brecha de pobreza³ de una economía. Para el caso peruano, se encuentra que para cerrar la brecha de pobreza (concebida como la población que vive con menos de US$ 2 diarios) se necesitaría aplicar una tasa impositiva de 4.72% en la población más rica. Si bien hay que actualizar este cálculo, es indudable su utilidad como punto de referencia. Para concluir, la erradicación de la pobreza y reducción de la desigualdad son tareas pendientes en el país. Una alternativa que no se ha puesto en práctica ante esta situación es la aplicación de una reforma tributaria que no solo garantice los necesarios mayores recursos para el Estado, sino que a la par promueva una mayor equidad en el país. Ambas son tareas impostergables que desde el 29 de julio el próximo gobierno debe asumir. ¹ En conformidad al comentario del profesor Yamada. Revisar diario Gestión del 18.05.11. ² Nos referimos a la tasa de impuesto marginal. ³ Ravallion realiza el cálculo para la brecha de pobreza de individuos que perciben ingresos diarios menores a US$1.25



martes, 24 de mayo de 2011

Estadio Nacional: 312 muertos un 24 de mayo de 1964


Por la clasificación a los  Juegos Olímpicos de Tokio 1964, la selección peruana de fútbol Sub 20 jugó contra  Argentina, a las 3:30 p.m., en el Estadio Nacional. El equipo visitante anotó el primer gol y cuando nuestra selección produjo el empate, el árbitro Ángel Eduardo Pazos determinó anularlo.

Los fanáticos no aceptaron la anulación. Víctor Vásquez, conocido como el “Negro Bomba” y

Edilberto Cuenca fueron los hinchas que ingresaron a la cancha e iniciaron lo que fue la peor tragedia en un ambiente deportivo para el Perú. Todo el público del estadio se alborotó.
La desesperada medida policial: arrojar bombas lacrimógenas contra el público originó la huida; sin embargo, las aún cerradas puertas de salida fueron la trampa mortal. El resultado fue la muerte de 312 personas, sobre todo, por asfixia.

Los protagonistas
El primer hincha fue llevado a El Frontón y el segundo fue muy golpeado por la Policía.

El árbitro dejó el país durante la madrugada.

El comandante de la Policía Jorge de Azambuja declaró : “Yo ordené lanzar bombas lacrimógenas a las tribunas. No puedo precisar cuántas. Nunca imaginé las nefastas consecuencias”. Él fue reconocido como el culpable principal en 1971. 


Hoy el estadio luce renovado y aunque parezca otro, esta noticia es imborrable. Hace 47 años la indisciplina fanática y la arbitrariedad policial complotaron mortalmente. Hoy estos cómplices aún siguen sin mejorar y no sé cuál de los dos es peor.
Sin duda este hecho es un referente de lo que se debe prevenir para no volverse a lamentar.

Fuente: El Comercio

martes, 17 de mayo de 2011

Mayo: mes de la propiedad intelectual


Expreso mi saludo y felicitación por el evento organizado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia en pos de la protección de la propiedad intelectual. Para este fin, muy distinguidas autoridades universitarias de la investigación, entre otras, expondrán sus experiencias. Sin duda, es una oportunidad imperdible para conocer más sobre el tema mencionado.
La conferencia será este 19 de mayo de 3p.m. a 6 y 20 p.m. en la Casa Honorio Delgado, calle Armendáriz 445. Teléfono 3190000 anexo 2258, 2271, 2542.
Aprecien el cronograma de actividades en el siguiente enlace

 

sábado, 14 de mayo de 2011

Documental Marca Perú




Admirable. Felicito a los organizadores y a los peruanos participantes. En mi labor docente, utilizo el video como recurso didáctico para fomentar el amor por nuestro país mediante la identificación de los ejemplos de peruanidad que se muestran en el video. No me canso de verlo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Carta por el Día del Trabajo


Estimados compañeros de trabajo:

Les expreso mi especial saludo por este día en el que se revalora la acción del trabajador. 
Será importante reflexionar sobre las diversas formas de empleo, sobre todo las más sacrificadas que hasta pueden causar la muerte del trabajador, por ejemplo los mineros.
Y quién saluda por este día al vendedor ambulante, al chofer o cobrador de combi, al lustrabotas, al que vende periódicos, al que lava autos, al carpintero...¿Consideramos trabajos a estos llamados oficios? Trabajar es ocuparse de cualquier actividad física o intelectual. Por lo dicho, considero trabajador a todo aquel que se encarga de una labor, y lo implícito es que asumamos con responsabilidad y dedicación nuestro rol laboral.

Nuestra labor es especial, pues nuestro trabajo es, en esencia, interpersonal; el desarrollo educativo y humano de nuestros estudiantes es nuestro trabajo.
A diferencia de un trabajo industrial de producción de piezas en serie en el que se sustituye la pieza defectuosa, nosotros no sustituimos al alumno; nosotros perseveramos y fomentamos una reflexión de su actitud y lo guiamos por la senda del estudio y de la responsabilidad.
Hoy, aprovecho para agradecerles su dedicación y constancia en esta noble labor cuyo trabajo es el ofrecer parte de su vida, diariamente, en pos de mejorar a los demás, pero sin descuidar el ser mejores también. Sintámonos felices por trabajar; laboremos con gusto y amor por lo que hacemos. El trabajar le otorga un sentido muy especial a nuestras vidas.

Finalizo este breve mensaje con un apretón de manos para cada uno.
Muchas gracias por apostar por el trabajo.