martes, 21 de octubre de 2008

La lección aprendida, un cuento infantil

LA LECCIÓN APRENDIDA
No hace mucho tiempo, me contaron que había un niño llamado Renzo. Él tenía 10 años y sólo les decía a sus amigos que tenía un nombre, pero sus padres lo habían nombrado con tres; sí, se llamaba Renzo Jesús Fabián. Me explicaron que el nombre Renzo fue por el capricho paterno; Jesús porque nació en el mes de octubre, mes del Señor de los Milagros, y Fabián por repetir el nombre de su abuelo paterno. En su colegio sacaba buenas notas, pero en casa no le gustaba ayudar a sus familiares, era flojo, ni barría, ni tendía su cama, pero lo que si le gustaba era ver televisión, dormir, jugar, estar en Internet y, además, mentir mucho. Dios vio todo esto y mandó al arcángel Gabriel a la Tierra para que le diera una lección. Por la noche, Gabriel lo hizo soñar. Renzo se vio en un país muy lejano, allí la gente era muy pobre, todos eran muy flaquitos porque no tenían qué comer, muchos no tenían nombres porque sus padres habían muerto. Renzo se sintió mal por tener tres nombres y ellos ninguno. Buscó a sus padres Aura y Gonzalo, sin embargo, no los encontró. Se convenció de que estaba solo y caminó mucho viendo lo pobres que eran los habitantes de ese país en el que no existían ni colegios donde estudiar. Llegó a un mercado con cerros de basura que ocasionaban miles de moscas, vio a la gente buscando entre la basura lo menos podrido para poder comer. Renzo quiso ayudar, empezó a barrer y ayudó a todos los que conoció; valoró mucho la suerte que era tener padres que lo atendieran y le dieran comida. Por la noche estaba muy cansado y tuvo que dormir sobre periódicos y cartones, no había camas ni colchas que tender. Extrañó mucho su cuarto. Mientras trataba de dormir, las moscas se le pegaban en la cara sucia que no se lavó por no haber agua, las hormigas le recorrían todo el cuerpo, los zancudos lo picaban sin piedad. A pesar de todo esto, no se le quitaba de la mente la bonita sensación que tuvo cuando ayudó a la gente pobre, se dio cuenta de que le había gustado ayudar, que la Internet ya no lo hacía feliz, que ningún programa de televisión era mejor que ver la sonrisa de aquellos niños y ancianos que ayudó. Quiso levantarse para seguir ayudando pero aún era de noche, ya no quería perder más tiempo con juguetes que esos niños jamás conocieron, ahora solo quería ayudar y ya no mentiría más. Gabriel lo despertó y al abrir los ojos se sintió contento porque ahora sería un buen hijo y, sobre todo, ayudaría a los que lo necesiten. Sus padres lo abrazaron y juntos rezaron agradeciéndole a Dios porque la lección había sido aprendida. Dios le agradeció a Gabriel y desde el Cielo escucharon las oraciones con alegría.
Autor José Orlando Abanto Quevedo
(Cuento publicado por Ediciones e Impresiones Paz de Corporación Educativa Pamer SAC, 2008)
Hace unos meses escribí este breve cuento y ya publicado lo difundo para transmitir un mensaje de reflexión para los más pequeños. Espero sus comentarios, muchas gracias.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me parece un cuento muy interesante y sobre todo espero que renzo haya tomado conciencia

Anónimo dijo...

Interesante y bonito. Espero que le esté yendo súper bien profe. Saludos :) :) :)

¿¿De que estas Hecho?? dijo...

...


=)


muy interesante!!!

y sobre todo muy buen mensaje!!

ojala todos los cuentos para niños fueran tan fructíreros ...


(= !!

Mario Abanto Quevedo dijo...

Breve, como debe ser un cuento dirigido a los pequeños, apela a la creencia religiosa como elemento que da fortaleza a la lección, exhorta a la reflexión siendo sutilmente coercitivo: ¡bien logrado!